El cuento el primer día de clases en la escuela busca relatar un poco del día a día que viven los estudiantes antes de asistir a su primer día de escolaridad.

En el presente cuento se incorpora un poco de humor y situaciones escolares identificables.

La historia incluye temas comunes como las relaciones entre hermanos, las experiencias escolares y las bromas alegres con las que los estudiantes pueden identificarse, pero también los valores que deben primar siempre en todas las situaciones.

Cuento el primer día de clases en la escuela

Era una mañana soleada cuando María se despertó para su primer día de séptimo grado.

Todo parecía normal hasta que abrió su armario y encontró que toda su ropa había sido reemplazada por disfraces de payaso.

«¡Mamááá!» gritó, pero solo escuchó risitas desde el pasillo.

Su hermano menor, Pedro, apareció en la puerta con una sonrisa delatora. «¡Sorpresa, sorpresa! Cambié toda tu ropa anoche. ¡Feliz primer día de clases!»

María no tuvo más remedio que ponerse unos jeans y una camiseta blanca que encontró en el fondo del armario. Pero las sorpresas apenas comenzaban.

En el autobús escolar, todos los asientos parecían hacer ruidos extraños. Cada vez que alguien se sentaba, sonaba un diferente efecto de sonido: un pato graznando, una vaca mugiendo, o el sonido de un cojín crujiendo. El conductor del autobús no podía parar de reír.

Al llegar a la escuela, María notó algo aún más raro. Todos los maestros estaban vestidos al revés: las camisas al revés, los pantalones al revés, ¡incluso algunos tenían los zapatos de diverso color y textura!

«Bienvenidos a un nuevo año escolar,» dijo la tutora, pero su voz sonaba como si hubiera inhalado algo extraño. «Hoy es nuestro primer día al revés oficial. ¡Las clases comenzarán con el almuerzo y terminarán con la primera hora!»

En la cafetería, los sándwiches tenían forma de zapatos, las manzanas estaban pintadas de azul, y el pudín de chocolate burbujeaba como si fuera una poción mágica.

Durante la clase de matemáticas, la maestra escribió todos los números al revés en la pizarra y pidió a los estudiantes que resolvieran problemas caminando de espaldas hacia el pizarrón.

En la clase de ciencias, los estudiantes tuvieron que hacer un experimento para crear la «risa contagiosa».

El cual dio resultado, porque toda la clase terminó riendo sin poder parar durante diez minutos completos.

Para el final del día, cuando era hora de la «primera clase» (que en realidad era la última), todos estaban exhaustos de tanto reír.

Al finalizar la jornada, María descubrió que su hermano Pedro había ayudado a planear todo con los maestros como una sorpresa especial para hacer memorable su primer día de clases.

«¿Sabes qué?», le dijo María a Pedro de camino a casa, «este ha sido el primer día de clases más loco de mi vida… ¡y me encantó!»

«¿Entonces no estás enojada por lo del armario?», preguntó Pedro esperanzado.

—No —sonrió María—. «Pero mañana, cuando encuentres tu mochila llena de gelatina, ¡no te vayas a enojar!»

Y así, entre risas y bromas, comenzó un nuevo año escolar que prometía ser inolvidable.

Al día siguiente, cuando María estaba a punto de poner la gelatina en la mochila de su hermano Pedro, recordó las palabras de su mamá: «La venganza nunca trae nada bueno, mi amor. Es mejor mostrar respeto y cariño, incluso cuando alguien nos hace una broma».

María se detuvo a pensar y decidió que, en lugar de vengarse, sorprendería a Pedro de una manera diferente.

Esa mañana, dejó una nota bonita en su mochila junto con sus galletas favoritas: «Gracias por hacer mi primer día tan especial y divertido. Eres el mejor hermano del mundo».

Cuando Pedro leyó la nota, abrazó a su hermana con fuerza, le pidió perdón, y desde ese día, ambos entendieron que las risas y el respeto son mucho mejores que las bromas pesadas y la venganza.


Una respuesta a «Cuento el primer día de clases en la escuela»

  1. […] nuevo ciclo escolar es como una aventura por descubrir. A veces da un poco de miedo comenzar algo nuevo, pero con entusiasmo, trabajo en […]

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