En esta oportunidad se presenta un cuento por el Día del Padre (Papá en modo experto).
Cuento: «Papá en modo experto»
En una pequeña ciudad donde el césped siempre parece recién cortado y los vecinos compiten por quién tiene la barbacoa más grande, vivía Don Ernesto, un padre con un título honorífico en “Sabiduría Paterna Universal”, otorgado por… él mismo.
Don Ernesto no era un padre común. Según sus hijos —Lucas, de 10 años, y Martina, de 7— él era “el rey de los consejos y los chistes que nadie pidió”. Pero, eso sí, tenía un superpoder: podía arreglar cualquier cosa… menos el WiFi.
Una mañana del Día del Padre, Lucas y Martina se levantaron temprano, decididos a sorprender a su papá con un desayuno. Pero como la cocina no era precisamente su fuerte, lo que lograron fue un híbrido entre una tortilla, una galleta y algo que posiblemente era un postre de gelatina.
—¡Feliz Día del Padre! —gritaron entrando en su habitación con una bandeja tambaleante.
—¿Qué es eso? —preguntó Don Ernesto, entre curioso y asustado.
—¡Desayuno gourmet! —respondió Martina con una sonrisa que ocultaba miedo.
Don Ernesto, con la valentía que lo caracterizaba, tomó una cucharada. Masticó lentamente. Muy lentamente. Y luego, como todo un actor dramático, se desmayó en la cama.
—¡Papá! —gritaron los niños.
—Estoy bien, hijos… solo necesitaba reiniciar el sistema digestivo —dijo abriendo un ojo y riéndose.
Después de sobrevivir al desayuno, Don Ernesto decidió que era un gran día para una actividad en familia: cambiar el foco del garaje.
—¡Papá, eso no suena divertido! —se quejó Lucas.
—No se trata de diversión, hijo. Se trata de crear recuerdos que ustedes usarán en terapia cuando sean adultos.
Subió a la escalera con una seguridad que solo los papás con sobreconfianza manejan. Pero olvidó un pequeño detalle, no había apagado la corriente. Un leve chispazo lo hizo bajar de la escalera como si fuera parte de un show de fuegos artificiales.
—¿Estás bien, papá?
—¡Sí, sí! Solo estaba probando la instalación eléctrica con el método ancestral del «toque-test». Muy avanzado.
Más tarde, decidieron ir al parque. Don Ernesto insistió en llevar su pelota de fútbol, convencido de que aún tenía las habilidades de su juventud.
—¡Vean y aprendan del maestro! —gritó, mientras corría hacia la pelota con la gracia de alguien en patines.
Resbaló, voló, y aterrizó justo frente a una familia que grababa un video para TikTok.
—¡Qué caída más épica, señor! —le dijo un adolescente con admiración.
—Gracias, fue coreografiada —respondió Don Ernesto, levantándose con dignidad y una hoja pegada en la frente.
De vuelta en casa, los niños le entregaron su regalo, una taza con la frase: «El mejor Papá, técnico oficial, chef aficionado y comediante de medio tiempo».
—¿Y esto? —preguntó él, emocionado.
—Es para que recuerdes lo mucho que te queremos y adoramos.
Esa noche, mientras cenaban pizza (porque cocinar otra vez era demasiado arriesgado), Don Ernesto levantó su nueva taza con orgullo.
—Hijos, ser papá es lo mejor que me ha pasado. Aunque eso signifique comer tortillas radiactivas y ser electrocutado una vez al mes.
—¿En serio? —preguntó Martina.
—Sí — contestó Don Ernesto. Porque ser papá no es ser perfecto, es ser… persistente ante las dificultades, pero con amor.
Todos rieron, y por un momento, el caos habitual se convirtió en armonía familiar.
Y aunque la lámpara del garaje seguía sin funcionar, el WiFi estaba igual de lento y el perro ahora ladraba cada vez que veía una pelota, Don Ernesto se sintió el papá más afortunado del mundo.
Porque en su casa, él era el héroe, el chef, el técnico, y el protector. Y, por supuesto, el único con valor suficiente para probar ese desayuno de ciencia ficción.
Enseñanza del cuento
Los papás no necesitan ser perfectos ni tener todas las respuestas para ser héroes en la vida de sus hijos. Su verdadero valor está en el amor, la dedicación y el esfuerzo que ponen en cada pequeño momento.
Valorar a papá es entender que detrás de sus dificultades, hay un corazón gigante que siempre quiere lo mejor para sus hijos, y construyen recuerdos inolvidables y que con su amor y esfuerzo diario son el pilar que sostiene a la familia.



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