En el cuento Las vacaciones mágicas en la Granja Sol de Trigo, Sofía y Martín son dos hermanos que viven en una ciudad llena de ruido, autos y pantallas. Pero estas vacaciones serán diferentes; sus padres los llevan a una granja rodeada de naturaleza, animales y aire puro. Al principio no están muy convencidos, ¡hasta que descubren que el campo guarda aventuras, aprendizajes y una tranquilidad que jamás habían imaginado!
Acompáñalos en esta historia llena de descubrimientos, amistad animal y mucha diversión natural.
Título: «Las Vacaciones Mágicas en la Granja Sol de Trigo»
Había una vez dos hermanos llamados Sofía y Martín, que vivían en la ciudad. Sus días estaban llenos de bocinazos, edificios altos, videojuegos y muchas tareas escolares. Aunque disfrutaban de su vida en la ciudad, últimamente se sentían un poco estresados, cansados y aburridos.
Un día, sus padres les anunciaron una noticia que cambiaría sus vidas:
—¡Nos vamos de vacaciones a una granja! —dijo mamá con una sonrisa enorme.
—¿Una granja? —preguntó Martín, arrugando la nariz—. ¿Con vacas y gallinas?
—¡Sí! —respondió papá—. Se llama la Granja Sol de Trigo, está rodeada de montañas, árboles y animales felices. Les aseguro que les va a encantar.
Sofía y Martín no estaban muy convencidos, pero al llegar, todo cambió.
La granja era como sacada de un cuento. Había un granero rojo, campos verdes hasta donde alcanzaba la vista, y un aroma a flores silvestres que lo llenaba todo. Un hombre mayor, de barba blanca y sonrisa amable, los recibió.
—¡Bienvenidos! Soy el señor Matías, el dueño de esta granja. ¿Listos para una aventura natural?
Los hermanos asintieron con timidez, sin saber lo que les esperaba.
Al día siguiente, a las cinco de la mañana, un «¡kikirikííííí!» los despertó. Martín pensó que era una pesadilla, pero era el gallo Ramón dando los buenos días.
—¡Es de madrugada! —se quejó, tapándose la cabeza con la almohada.
Pero pronto, el aroma a pan recién horneado y leche caliente lo convenció de salir de la cama.
Sofía y sus padres, ya estaban en la cocina con la señora Clara, la esposa del señor Matías, ayudándole a amasar el pan.
—¿Quieres probar? —preguntó la señora Clara, ofreciéndole a Martín una bola de masa.
—¡Sí! —respondió él entusiasmado—. Esto es más divertido que hacer tareas.
–
Después del desayuno, los llevaron a conocer a los animales.
Primero conocieron a Luna, una yegua elegante que parecía muy linda y amigable.
—¿Puedo montarla? —preguntó Sofía.
—Primero tienes que cepillarla —dijo Matías—. Los caballos no son solo para montar, hay que cuidarlos y hablarles con cariño.
Mientras Sofía cepillaba a Luna, Martín alimentaba a las gallinas con granos. Había muchas: la gallina Rubí, la traviesa Pepita y el gallito Ramón, el despertador oficial.
Después visitaron a las vacas. Martín se sorprendió al ver lo grandes que eran.
—¡Esta se llama Margarita! —dijo Clara, señalando una vaca con manchas negras—. Ella da la leche que usamos para hacer el queso.
Aprendieron a ordeñar con cuidado, sin hacer daño al animal. Sofía estaba fascinada:
—¡La leche sale tibia! ¡Yo pensaba que era como la de la caja! Señaló con una sonrisa en su rostro.
En la tarde, ayudaron a esquilar a una oveja llamada Copito. Su lana era tan esponjosa que Sofía quería hacer una almohada.
—El campo está lleno de magia si sabes mirar con atención —les dijo el señor Matías, porque sabía que en la ciudad, Sofía y Martín estaban acostumbrados al ruido: autos, sirenas, música; pero en la granja, lo único que se escuchaba era el viento, los pájaros y el suave mugido de alguna vaca lejana.
Al día siguiente, fueron a caminar por el bosque que rodeaba la granja. Descubrieron mariposas de colores, un conejo que salió corriendo al verlos, y hasta una tortuga pequeña que caminaba lentamente junto a un arroyo.
—¡Miren! —gritó Sofía—. ¡Una mariquita en mi dedo!
—Y miren eso —agregó Martín—. ¡Podemos ver la luna de día! Bueno… ¡casi!
Se tiraron en el pasto, respirando hondo.
–
—El aire aquí huele diferente —dijo Martín—. Como a libertad.
Esa noche, hicieron una fogata y contaron historias bajo las estrellas más brillantes que jamás habían visto.
Y así continuaron los días en la granja, donde los niños aprendieron a cuidar a los animales, a cabalgar por los campos y a valorar la conexión con la naturaleza; esa conexión que no la encuentran en la ciudad.
El último día, toda la granja se llenó de música, juegos y comida deliciosa. Era el Festival del Campo, donde todos los vecinos venían a compartir lo mejor de la vida rural.
Sofía participó en una carrera de sacos, Martín ganó el concurso de lanzamiento de maíz, y ambos ayudaron a decorar con flores silvestres.
Pero lo más especial fue cuando el señor Matías les entregó un regalo a cada uno: un pequeño cuaderno titulado “Mi Diario de Campo”.
—Aquí pueden escribir todo lo que aprendieron. Porque el campo enseña cosas que no se aprenden en la escuela —dijo sonriendo.
Y así lo hicieron.
De vuelta en la ciudad, Sofía y Martín ya no veían los días igual. Ahora, cuando escuchaban un claxon, extrañaban el canto del gallo. Cuando comían queso, pensaban en la vaca Margarita. Y cuando el cielo estaba nublado, soñaban con ver las estrellas como en la granja.
—¿Podemos volver en las próximas vacaciones? —preguntó Sofía.
—Sí —respondió papá—. Pero antes, ¿por qué no escriben una historia sobre sus días en el campo?
—¡Buena idea! —exclamó Martín—. ¡Y la llamaremos «Las Vacaciones Mágicas en la Granja Sol de Trigo»!
Desde entonces, cada vez que necesitaban tranquilidad, cerraban los ojos y se imaginaban corriendo por los prados, acariciando a los animales y respirando el aire limpio de la naturaleza.
Y así entendieron que, a veces, para encontrarse a uno mismo hay que alejarse un poco del ruido.
Fin.
Enseñanza del cuento
Este cuento nos enseña que salir de la ciudad y pasar tiempo en la naturaleza puede ser una experiencia maravillosa. En la granja, Sofía y Martín descubrieron lo valioso que es respirar aire puro, cuidar de los animales, cómo se producen los alimentos y disfrutar del silencio y la tranquilidad del campo.
También aprendieron que los animales no son solo para mirar o jugar, sino que merecen respeto, cariño y cuidado.
La naturaleza tiene muchas cosas mágicas para mostrarnos, pero para descubrirlas, a veces tenemos que alejarnos un poco del ruido y mirar con atención todo lo que nos rodea.
Preguntas de comprensión lectora
1. ¿Por qué los padres de Sofía y Martín decidieron llevarlos a la granja Sol de Trigo?
A) Porque querían que los niños aprendieran a manejar tractores.
B) Porque era más barato que ir a la playa.
C) Porque querían que los niños descansaran del ruido de la ciudad y vivieran una experiencia natural.
D) Porque los abuelos vivían en la granja.
2. ¿Qué aprendió Sofía sobre los caballos mientras cuidaba a la yegua Luna?
A) Que los caballos solo pueden ser montados por adultos.
B) Que se debe hablarles con cariño y cuidarlos antes de montarlos.
C) Que los caballos comen pan y beben jugo.
D) Que los caballos no necesitan atención especial.
3. ¿Qué sorprendió a Sofía cuando ordeñó a la vaca Margarita?
A) Que la vaca podía hablar.
B) Que la leche salía tibia, no fría como en la ciudad.
C) Que la vaca no daba leche por las mañanas.
D) Que la leche era de color rosado.
4. ¿Qué descubrieron los niños durante su paseo por el bosque cerca de la granja?
A) Animales como conejos, tortugas y mariposas.
B) Que había muchos leones escondidos.
C) Que los árboles hablaban por las noches.
D) Un parque de diversiones escondido.
5. ¿Qué les regaló el señor Matías a los niños para que recordaran su experiencia en la granja?
A) Un sombrero de paja y una gallina.
B) Una botella de leche fresca.
C) Un cuaderno llamado “Mi Diario de Campo”.
D) Una foto con todos los animales.
Claves de respuesta
- C) Porque querían que los niños descansaran del ruido de la ciudad y vivieran una experiencia natural.
- B) Que se debe hablarles con cariño y cuidarlos antes de montarlos.
- B) Que la leche salía tibia, no fría como en la ciudad.
- A) Animales como conejos, tortugas y mariposas.
- C) Un cuaderno llamado “Mi Diario de Campo”.



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