En este cuento sobre instrumentos musicales “La gran competencia de la Orquesta Risueña”, conocerás a un grupo de instrumentos musicales muy especiales que, además de tocar hermosas canciones, pueden hablar, reír y vivir divertidas aventuras. Cada uno está convencido de que su sonido es el mejor, así que deciden participar en una emocionante competencia para demostrarlo. Sin embargo, durante esta aventura descubrirán un gran secreto: aunque cada instrumento produce el sonido de una manera diferente, todos son importantes para crear la maravillosa música que alegra nuestros días.
Prepárate para conocer a la simpática Orquesta Risueña, reír con sus ocurrencias y aprender, de una forma divertida, cómo nacen los sonidos de los instrumentos de cuerda, de percusión y de viento.
¡Que comience la música… y también la diversión!
Título: “La gran competencia de la Orquesta Risueña”
Una mañana muy especial, en la Escuela Musical «Armonía Feliz», todos los instrumentos despertaron antes de que llegaran los estudiantes. Ese día se celebraría la esperada Gran Competencia de Sonidos, donde cada familia de instrumentos demostraría por qué era la más importante de la orquesta.
El primero en llegar fue el señor Violín, quien caminaba muy elegante con su arco bajo el brazo.
—¡Buenos días! —saludó con una gran sonrisa—. Hoy todos descubrirán que mi sonido es el más hermoso del mundo.
La señora Guitarra soltó una risita.
—Eso está por verse. A mí me basta con que alguien haga vibrar mis cuerdas para llenar el salón de música.
En ese momento apareció el travieso Tambor, dando saltitos.
—¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡Quítense del camino! ¡Aquí llega el campeón del ritmo!
Tan fuerte fue su entrada que hizo brincar a una pequeña Pandereta, que exclamó:
—¡Ay, Tambor! ¡Casi me haces perder todas mis sonajas!
Mientras todos discutían, una suave melodía llegó desde la puerta.
—¿Ya comenzaron sin mí? —preguntó la dulce Flauta, soplando una nota tan delicada que hasta las mariposas parecían bailar.
Detrás de ella apareció la Trompeta, que quiso saludar con tanta emoción que lanzó un enorme:
—¡¡¡TARARÁÁÁÁ!!!
El sonido fue tan fuerte que el Violín dio un pequeño salto.
—¡Por todas mis cuerdas! ¡Casi me desafinas del susto!
Todos comenzaron a reír.
En ese instante apareció el sabio director de la orquesta, el maestro Don Pentagrama, quien levantó su batuta.
–
—Silencio, queridos amigos. Antes de competir, cada uno debe explicar cómo nace su música.
El Violín levantó una cuerda con mucho orgullo.
—Mi secreto es muy sencillo. Cuando el arco pasa sobre mis cuerdas o cuando alguien las toca con los dedos, ellas vibran. Esa vibración viaja por todo mi cuerpo de madera y se convierte en un hermoso sonido.
La Guitarra añadió:
—Exactamente. Si nadie hace vibrar nuestras cuerdas, nos quedamos tan calladas como un gato dormido después del almuerzo.
Todos rieron al imaginar un gato roncando encima de una guitarra.
Entonces el Tambor golpeó suavemente su parche.
—Ahora es mi turno. Cuando alguien me golpea con las manos o con unas baquetas, mi parche vibra muy rápido y produce el sonido. Mientras más fuerte me golpean… ¡más fuerte canto!
La Pandereta sonrió.
—Y cuando me sacuden o me golpean, mis sonajas chocan entre sí y también vibran. ¡Por eso siempre parezco estar de fiesta!
El Xilófono intervino muy orgulloso.
—A mí me golpean con baquetas especiales y cada lámina vibra con una nota distinta. Así puedo tocar muchas melodías.
Entonces la Flauta tomó una gran bocanada de aire.
—Nosotros somos diferentes. Nuestro sonido nace cuando una persona sopla y el aire vibra dentro de nuestro cuerpo. Dependiendo de los agujeros que se tapen o se destapen, cambian las notas.
La Trompeta levantó bien alto su campana.
—En mi caso, el músico hace vibrar sus labios mientras sopla. Esa vibración viaja por todo mi tubo y sale convertida en un sonido brillante.
El Tambor miró sorprendido.
—¡Así que todos hacemos vibrar algo!
—¡Exacto! —respondió Don Pentagrama—. Las cuerdas vibran, los parches vibran, las láminas vibran y también vibra el aire. Sin vibración… no existe el sonido.
–
Los instrumentos quedaron pensativos.
Pero el Tambor, que nunca podía quedarse serio por mucho tiempo, preguntó:
—Entonces… ¿si el Violín come demasiadas galletas sonarán más gorditas sus notas?
El Violín puso cara de espanto.
—¡Las cuerdas no engordan!
La Guitarra agregó entre risas:
—Aunque si alguien deja migas dentro de mí, sí puedo sonar como una maraca llena de pan.
La Maraca comenzó a sacudirse de la risa.
—¡Yo sí tengo cosas dentro! Mis semillas chocan unas con otras cuando me mueven. ¡Ese es mi trabajo!
Todos soltaron una enorme carcajada.
En ese momento llegaron los niños de la escuela para comenzar la clase de música. Al escuchar la discusión, preguntaron:
—¿Quién ganó la competencia?
Los instrumentos se miraron unos a otros.
El Violín sonrió.
—Creo que ninguno.
La Flauta asintió.
—Porque una melodía necesita sonidos suaves y fuertes.
El Tambor levantó orgulloso sus baquetas.
—Y también necesita ritmo.
La Guitarra añadió:
—Y armonía.
La Trompeta terminó diciendo:
—Cada uno tiene una forma distinta de producir el sonido, pero juntos hacemos que la música cobre vida.
Los niños comenzaron a tocar todos los instrumentos al mismo tiempo. El salón se llenó de risas, melodías y ritmos. Algunos sonidos salieron perfectos; otros parecían un desfile de pollitos aprendiendo a cantar, pero todos se divertían muchísimo.
Desde aquel día, ningún instrumento volvió a decir que era el mejor. Comprendieron que, aunque cada uno produce el sonido de una manera diferente —haciendo vibrar cuerdas, parches, láminas o el aire—, todos son importantes para crear la maravillosa música que alegra el corazón de las personas.
Y así, entre notas, carcajadas y mucha imaginación, la Orquesta Risueña siguió tocando feliz para todos los niños.
Enseñanza del cuento
La música es más hermosa cuando todos trabajan juntos. Así como en una orquesta cada instrumento tiene una forma diferente de producir el sonido, también cada persona tiene talentos y habilidades especiales que la hacen única.
Los instrumentos de cuerda hacen música porque vibran sus cuerdas; los de percusión producen sonidos cuando se golpean o se sacuden, y los de viento necesitan que el aire vibre en su interior. Aunque son diferentes, todos son importantes para crear una melodía llena de armonía.
Este cuento nos enseña que no debemos creer que alguien es mejor que los demás. Cuando respetamos las diferencias, colaboramos y unimos nuestras capacidades, podemos lograr cosas maravillosas, igual que una gran orquesta.
Preguntas de comprensión lectora
1. ¿Dónde se desarrolla la historia del cuento?
A. En una fábrica de juguetes.
B. En la Escuela Musical «Armonía Feliz».
C. En un parque de diversiones.
D. En una biblioteca.
2. ¿Cómo producen el sonido los instrumentos de cuerda, como el violín y la guitarra?
A. Golpeando un parche.
B. Sacudiendo semillas.
C. Haciendo vibrar sus cuerdas.
D. Soplando aire por su interior.
3. ¿Qué instrumento hizo brincar a la pandereta cuando llegó a la competencia?
A. La flauta.
B. La guitarra.
C. El tambor.
D. La trompeta.
4. ¿Cuál fue la enseñanza que comprendieron todos los instrumentos al final del cuento?
A. Que cada instrumento produce el sonido de una forma diferente y todos son necesarios para crear una hermosa música.
B. Que los instrumentos de viento son los más importantes.
C. Que el violín siempre es el mejor instrumento.
D. Que solamente los instrumentos de percusión pueden tocar en una orquesta.
5. ¿Cuál de los siguientes valores se destaca en el cuento?
A. La competencia sin respetar a los demás.
B. El trabajo en equipo y el respeto por las diferencias.
C. La desobediencia al director de la orquesta.
D. La importancia de tocar muy fuerte para ganar.
Claves de respuesta correcta
- B. En la Escuela Musical «Armonía Feliz».
- C. Haciendo vibrar sus cuerdas.
- C. El tambor.
- A. Que cada instrumento produce el sonido de una forma diferente y todos son necesarios para crear una hermosa música.
- B. El trabajo en equipo y el respeto por las diferencias.



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