El Día de Reyes es una fecha especial llena de ilusión, risas y deliciosas tradiciones. En muchos hogares, este día se celebra compartiendo una rosca de pan adornada con frutas de colores, chocolate caliente y, sobre todo, mucha emoción por descubrir quién encontrará el famoso muñequito escondido. Lo que casi nadie sabe es que, algunas veces, la rosca guarda más sorpresas de las esperadas. Este cuento “El gran misterio del muñequito viajero en el Día de Reyes”, narra una de esas historias divertidas que solo pueden suceder en esta fecha, cuando la familia se reúne, los nervios aparecen y una simple rebanada de pan puede convertirse en el inicio de carcajadas, aprendizajes y recuerdos inolvidables.

Título: “El gran misterio del muñequito viajero en el Día de Reyes”

En la casa de los Ramírez, el Día de Reyes no comenzaba sin una cosa muy importante, la rosca. No importaba si era lunes o sábado, si hacía frío o calor; el 6 de enero, a las cinco de la tarde, la familia se reunía alrededor de la mesa grande del comedor, esa que tenía una esquina un poco coja y siempre necesitaba una servilleta doblada para no bailar.

Ese año, la rosca llegó en una caja enorme, blanca y con un moño dorado. Don Ernesto, el papá, entró muy serio a la casa como si cargara un tesoro. “Cuidado, cuidado”, decía, “esta rosca viene con sorpresa”. Nadie dudaba de eso, porque la sorpresa, como todos sabían, era el famoso muñequito escondido dentro del pan.

—El año pasado me tocó a mí —recordó la abuela Rosa, acomodándose los lentes—, y cumplí: llevé tamales para todos.

—¡Y estaban riquísimos! —agregó la tía Lupita—, aunque algunos tenían más masa que relleno.

Todos rieron. Esas risas eran parte de la tradición, como el chocolate caliente que humeaba en las tazas y el cuchillo largo que siempre parecía más peligroso de lo que era.

Antes de cortar la rosca, como dictaba la experiencia, comenzaron las estrategias. Carlos, el hermano mayor, pidió la rebanada más pequeña “porque no tenía mucha hambre”. Sofía, la más pequeña, pidió una enorme “porque los Reyes le habían traído mucha energía”. La mamá observaba en silencio, con una sonrisa que decía: “Ya veremos”.

Don Ernesto fue el encargado de cortar. Lo hacía despacio, como si el pan pudiera salir corriendo. Cada rebanada se entregaba con emoción y un poco de nervios. Todos miraban su pan como si fuera un mapa del tesoro.

—¡Nada! —dijo Carlos, aliviado, después de revisar su rebanada como detective.

—Yo tampoco —anunció la tía Lupita—. Qué raro…

Sofía mordió su pedazo con cuidado. Masticó, pensó un momento y luego abrió los ojos como platos.

—¡Creo que mordí algo duro! —dijo, asustada.

Todos se quedaron en silencio. La abuela Rosa se acercó rápidamente.

—Tranquila, mija —le dijo—. A veces el pan tiene partes más tostadas.

Sofía volvió a revisar y negó con la cabeza.

—No es pan… ¡Es el muñequito!

Hubo aplausos, risas y uno que otro “¡yo sabía!”. Sofía se quedó quieta, sin saber si reír o preocuparse.

—¿Y ahora qué pasa? —preguntó.

—Ahora —dijo Don Ernesto— te toca traer tamales el Día de la Candelaria.

Sofía abrió la boca sorprendida.

—¡Pero yo no sé hacer tamales!

—No te preocupes —respondió la mamá—. Nadie nace sabiendo. Además, siempre hay ayuda.

En ese momento, algo curioso ocurrió. Carlos, que ya había terminado su pan, comenzó a toser suavemente.

—¿Todo bien? —preguntó la tía.

Carlos sacó algo del pan y lo puso sobre la mesa. Era otro muñequito.

—Creo que… también me tocó —dijo, rojo de risa.

El comedor explotó en carcajadas. Dos muñequitos. Eso sí que era raro, pero no imposible. A veces las roscas traen más de uno, y esa era una de esas historias que luego se cuentan cada año.

—Entonces —dijo la abuela—, tendremos doble tamaliza.

El Día de Reyes terminó entre cuentos, chocolate y planes para febrero. Sofía estaba emocionada, Carlos un poco nervioso, y la familia feliz. Porque al final, la rosca no era solo pan con frutas; era una excusa deliciosa para reunirse, reírse de lo inesperado y crear recuerdos que, como el muñequito viajero, siempre aparecen donde menos se esperan.

Enseñanza del cuento

El cuento nos enseña que las tradiciones, como el Día de Reyes y la rosca, son mucho más que una celebración o un alimento especial. Son momentos para compartir en familia, reírnos de lo inesperado y aprender a asumir responsabilidades con alegría.

Además, nos enseña que cuando algo nos sorprende, no debemos asustarnos, sino enfrentarlo con buen humor y con la ayuda de quienes nos quieren. Al final, lo más valioso no es a quién le tocó el muñequito, sino los recuerdos felices, la unión familiar y las risas que nacen al estar juntos.

Preguntas de comprensión lectora

1. ¿Qué tradición reunía a la familia Ramírez el Día de Reyes?
a) Intercambiar regalos toda la tarde.
b) Compartir la rosca de Reyes en familia.
c) Salir a pasear al parque.
d) Ver películas hasta la noche.

2. ¿Por qué todos estaban nerviosos al comer la rosca?
a) Porque alguien podía encontrar el muñequito.
b) Porque no les gustaba la rosca.
c) Porque el pan estaba muy duro.
d) Porque no había suficiente chocolate.

3. ¿Quién encontró primero el muñequito en la rosca?
a) Don Ernesto.
b) Carlos.
c) La abuela Rosa.
d) Sofía.

4. ¿Qué debía hacer la persona a la que le tocaba el muñequito?
a) Comprar otra rosca.
b) Traer tamales el Día de la Candelaria.
c) Guardar el muñequito.
d) Lavar los platos.

5. ¿Qué hecho inesperado ocurrió al final del cuento?
a) La rosca se acabó muy rápido.
b) Nadie encontró el muñequito.
c) Aparecieron dos muñequitos en la rosca.
d) Se rompió la mesa del comedor.

Claves de respuesta correcta

  1. b) Compartir la rosca de Reyes en familia.
  2. a) Porque alguien podía encontrar el muñequito.
  3. d) Sofía.
  4. b) Traer tamales el Día de la Candelaria.
  5. c) Aparecieron dos muñequitos en la rosca.

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