En esta oportunidad se presenta un cuento en homenaje al Día de las Madres, en el que nos enseña a valorar a nuestras madres, así como su esfuerzo y sacrificio que realizan a diario para educar y dar lo mejor a sus hijos.

Cuento: El día que mamá desapareció, una lección de amor y gratitud

Era una mañana como cualquier otra en la casa de los González, o al menos eso parecía. Cecilia, una adolescente de 15 años, se despertó tarde como de costumbre, esperaba encontrar su desayuno listo, su uniforme planchado y su almuerzo preparado, como todos los días.

Pero esta vez fue diferente, la casa estaba en completo silencio, no había olor a café recién hecho, ni a pan tostado; su uniforme seguía arrugado sobre la silla donde lo había dejado la noche anterior.

«¡Mamá!» gritó Cecilia, mientras bajaba las escaleras corriendo. «¡Mamá, se me hace tarde!»

Cuando entró a la cocina encontró una nota que decía:

«Querida familia: Me he tomado un día libre de ser mamá. Los quiero mucho. Atentamente Mamá»

Cecilia no podía creerlo. ¿Un día libre de ser mamá? ¿Eso era posible? Su hermano menor, Francisco, apareció frotándose los ojos.

«¿Dónde está el desayuno?», preguntó confundido.

«Al parecer, tendremos que hacerlo nosotros,» respondió Cecilia, mirando la cocina como si fuera un laboratorio extraño.

Lo que siguió fue una serie de desastres cómicos. Cecilia quemó las tostadas, mientras que Francisco derramó la leche, y entre los dos crearon un caos impresionante en la cocina. El intento de planchar el uniforme terminó con una marca café en forma de plancha en la blusa blanca de Cecilia.

Para el almuerzo, decidieron hacer sándwiches. ¿Qué tan difícil podía ser? Muy difícil, aparentemente, cuando descubrieron que el pan estaba duro y el queso se había terminado.

Cuando papá llegó del trabajo, encontró la casa patas arriba. La ropa sucia se desbordaba del cesto, los platos sucios se apilaban en el fregadero, y sus hijos parecían sobrevivientes de una guerra contra los quehaceres domésticos.

«¿Cómo lo hace mamá?», preguntó Francisco, exhausto después de intentar tender su cama por tercera vez.

«No lo sé», admitió Cecilia, «pero definitivamente necesitamos que vuelva.»

Esa noche, mamá regresó. Encontró a su familia sentada en la sala, con caras de arrepentimiento y gratitud.

«¡Mamá!» gritaron todos, corriendo a abrazarla.

«Los extrañé», dijo ella sonriendo, «¿cómo les fue en su día?»

«Fue… educativo», respondió Cecilia. «No teníamos idea de todo lo que haces por nosotros cada día. Lo das todo sin pedir nada a cambio, y nosotros lo damos por sentado.»

«Prometo ayudar más con los quehaceres», añadió Francisco.

«Y yo prometo ser más considerada y agradecida», dijo Cecilia. «No solo en el Día de las Madres, sino todos los días.»

Aprendizaje del cuento

A veces necesitamos perder algo temporalmente para valorar su verdadera importancia. Las madres son el pilar fundamental de muchos hogares, trabajando incansablemente por el bienestar de sus familias.

Su amor y dedicación son invaluables y merecen nuestro respeto, ayuda y gratitud no solo un día al año, sino todos los días.

Recordemos siempre que el trabajo de una madre es un acto de amor continuo que merece ser reconocido y valorado por todos.


Una respuesta a «Cuento en homenaje al Día de las Madres»

  1. […] esta ocasión se presenta un poema para el Día de la Madre que es la raíz de mi […]

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