En esta oportunidad se presenta un cuento en homenaje al Día del Maestro.

Cuento: El misterioso caso del examen desaparecido

En la Escuela Secundaria “Héroes del Borrador”, el Día del Maestro era una fecha solemne, al menos hasta que el profesor Rodríguez decidió ser creativo.

El profesor Rodríguez era famoso por tres cosas: su pizarra llena de garabatos ilegibles, su colección de corbatas con caricaturas, y su sentido del humor tan seco que una vez confundieron uno de sus chistes con una clase de química.

Este año, decidió que no quería más coros desafinados ni tortas de tres días en el refrigerador. Quería algo emocionante. Así que anunció con voz misteriosa:

—Este viernes, no habrá clases, ¡habrá una búsqueda del tesoro educativo!

Los estudiantes pensaron que se trataba de una excusa para no dar clase (y no les molestó en lo más mínimo), pero cuando llegaron el viernes, encontraron la sala de profesores rodeada con cinta amarilla que decía: “ESCENA DEL CRIMEN”.

En el pizarrón estaba escrito en tiza fluorescente:
“ALGUIEN HA ROBADO EL EXAMEN FINAL. Si no lo encuentran, todos tendrán que rendir el examen de recuperación.”

Los estudiantes se miraron horrorizados. El examen de recuperación del profesor Rodríguez era una leyenda urbana. Decían que tenía preguntas como: “Explique el universo en una oración”.

Se dividieron en grupos. El equipo de Mariana encontró una pista en la máquina de café: una servilleta con una fórmula mal escrita.

El grupo de Lucas descubrió una huella de tiza que llevaba al baño de profesores. Nadie quiso entrar, hasta que Luis, el valiente (o más bien el que perdió en piedra, papel o tijera), se aventuró y salió diciendo:

—¡No hay examen!, pero sí una zapatilla con una nota que dice: “Lo tengo yo, y jamás lo adivinarán”.

Las sospechas comenzaron. ¿Sería el profesor de música? ¿La señora de limpieza? ¿La tortuga de biología?

Siguieron pistas por todo el colegio: dentro de una lonchera olvidada, detrás del busto de Simón Bolívar, y hasta en el pasillo donde se rumorea que el wifi nunca llega.

Al final del día, exhaustos, los estudiantes volvieron al aula. El profesor Rodríguez los esperaba con una sonrisa malévola y una gorra de detective.

—¡Felicidades! ¡Han resuelto el caso! Bueno, más o menos dijo, sacando un sobre de su mochila. El examen estuvo aquí todo el tiempo. Quería ver si podían trabajar en equipo, investigar, y no perder el sentido del humor. ¡Y lo lograron!

—¿Así que no hay examen? Preguntó Mariana con esperanza.

—Claro que hay examen —dijo el profesor abriendo el sobre—. ¡Pero es opcional! Y quienes no lo hagan tendrán que escribir una canción de rap sobre la fotosíntesis.

Después de un segundo de silencio, todos tomaron una hoja.

Así, entre risas, misterios y corbatas de Bob Esponja, el profesor Rodríguez demostró que enseñar no es solo cuestión de libros y tareas, sino de creatividad, locura moderada y mucho, mucho amor por lo que uno hace.

Desde ese día, cada vez que alguien menciona el «Día del Maestro», los estudiantes de la “Héroes del Borrador” recuerdan con cariño y un poco de humor el caso del examen desaparecido.

Enseñanza del cuento:

El cuento nos muestra que enseñar va más allá de transmitir conocimientos, implica creatividad, empatía y humor.

Un buen maestro no solo educa con libros, sino también con experiencias que motivan a pensar, trabajar en equipo y aprender con alegría.

A veces, las lecciones más importantes no están en el examen, sino en el camino que recorremos para resolver un problema juntos.


Una respuesta a «Cuento en homenaje al Día del Maestro»

  1. […] esta ocasión se presenta un poema para valorar la labor del maestro en su Día, el cual ejerce su profesión con respeto y […]

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