En este cuento “La gran aventura de Juanito y la Montaña Sonriente”, conocerás a un niño curioso y valiente que, junto a su abuelo, sus amigos y su perrito Pelusa, vivirá una gran aventura en la misteriosa Montaña Sonriente.

Pero no se trata solo de subir, ¡hay que hacerlo con alegría, trabajo en equipo y muchas sonrisas! Acompáñalos en este viaje lleno de paisajes increíbles, momentos divertidos y una sorpresa mágica en la cima. ¿Estás listo para la aventura?

Título: «La gran aventura de Juanito y la Montaña Sonriente»

Había una vez un niño llamado Juanito, de ocho años, que soñaba con convertirse en un gran aventurero. Vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas verdes y altas, pero había una en especial que llamaba su atención: la Montaña Sonriente. Nadie sabía por qué se llamaba así, pero los ancianos del pueblo decían que, si la subías con alegría, la montaña te regalaba una gran sorpresa.

Un día, su abuelo, el viejo Don José, le dijo:

—Juanito, creo que ya estás listo para tu primera aventura real. Vamos a subir la Montaña Sonriente.

—¿En serio, abuelo? —preguntó Juanito con los ojos brillando de emoción.

—¡En serio! Pero necesitaremos un buen equipo de aventureros.

Así que llamaron a sus amigos: Lola, una niña valiente con una risa contagiosa; Tomás, un experto en mapas que siempre se perdía; y Pelusa, el perrito travieso de la familia.

Al día siguiente, todos se encontraron en la base de la montaña con mochilas, bastones de senderismo, bocadillos, agua y muchas ganas de reír. Don José dio las instrucciones:

—La clave de esta montaña es disfrutar. Nada de correr. Subimos con calma, ayudándonos y, sobre todo, ¡con una sonrisa!

La aventura comenzó.

En el primer tramo del sendero, encontraron un arroyo que cantaba como si fuera un xilófono. Juanito y Lola saltaron de piedra en piedra mientras Tomás intentaba usar su mapa, pero lo tenía al revés.

—¡Tomás, ese mapa está al revés! —rió Lola.

—¡Ah! Con razón pensaba que estábamos yendo hacia abajo —dijo Tomás, y todos soltaron una carcajada.

Pelusa, por su parte, decidió darse un chapuzón en el arroyo y salió con hojas en las orejas. ¡Parecía un arbusto con patas! Los niños no paraban de reír.

Más arriba, el camino se volvió más empinado, pero también más mágico. Árboles gigantes con troncos torcidos parecían saludar con los brazos. Pájaros de mil colores volaban sobre sus cabezas, y cada tanto, encontraban mensajes tallados en las piedras que decían cosas como: «¡Sigue sonriendo!», «¡Ya falta menos!» o «¡Buen trabajo, aventureros!»

Cuando llegaron a una pequeña pradera, Don José les dijo:

—Hora de descansar y comer algo.

Sacaron emparedados, frutas, jugos y, por supuesto, ¡galletas! Pelusa recibió también su parte por haberse portado tan bien.

De repente, Juanito vio algo extraño entre las flores: una pequeña cabaña hecha de ramas y hojas. Se acercaron y encontraron a un duende de barba larga y gorro puntiagudo tomando una siesta.

—¡Chist! —susurró Lola—. ¿Es real?

El duende abrió un ojo y dijo:

—¡Hola, pequeños montañistas! Soy Timo el Guardián de la Montaña. ¡Qué gusto ver niños con sonrisas tan grandes! Muy pocos llegan hasta aquí con alegría.

—¿Y qué pasa si lo hacen? —preguntó Juanito emocionado.

—Bueno… —dijo Timo, sacando una cajita brillante—. ¡Se ganan una sorpresa!

El duende les entregó una brújula mágica. “Siempre los llevará a casa, por más lejos que estén”, les explicó. Todos aplaudieron y Pelusa ladró como si entendiera todo.

Después de despedirse de Timo, continuaron el ascenso. El último tramo era más rocoso, pero con ánimo y trabajo en equipo, lograron subirlo sin problema. Cuando finalmente llegaron a la cima, el viento soplaba suave y el cielo estaba tan claro que parecía que podían tocar las nubes.

—¡Lo logramos! —gritaron todos al mismo tiempo.

Desde allí arriba, el mundo se veía pequeño, como un dibujo. Los niños se abrazaron, Don José les tomó una foto, y Juanito sintió que su corazón latía fuerte, no de cansancio, sino de felicidad.

—Ahora entiendo por qué se llama la Montaña Sonriente —dijo Lola.

—¿Por qué? —preguntó Tomás.

—¡Porque cuando llegas arriba, no puedes dejar de sonreír!

Todos rieron, incluso Pelusa, que parecía que sonreía también con la lengua fuera.

Mientras bajaban, cantaron canciones, contaron chistes y se prometieron volver con más amigos. Al llegar a casa, Juanito anotó en su diario:

«Hoy subí mi primera montaña. Me reí, me cansé, vi un duende, y aprendí que las aventuras son mejores si se comparten y se hacen con alegría.»

Y desde entonces, cada vez que pasaban por la Montaña Sonriente, parecía que en la cima aparecía una gran cara feliz hecha de nubes. Algunos decían que era su imaginación, pero Juanito sabía la verdad: la montaña realmente sonreía a quienes subían con el corazón alegre.

Fin.

Enseñanza del cuento

Este cuento nos enseña que las aventuras más bonitas no se tratan de llegar rápido o de ser los mejores, sino de disfrutar el camino, ayudar a los demás y vivir cada momento con alegría.

Subir una montaña, como cualquier reto en la vida, puede ser difícil, pero si lo hacemos con una sonrisa, en compañía de nuestros amigos o familia, y sin rendirnos, todo se vuelve más fácil y divertido. También aprendemos que trabajar en equipo y compartir es mucho más valioso que hacerlo todo solos.

Preguntas de comprensión lectora

1. ¿Por qué se animó Juanito a subir la Montaña Sonriente?
A) Porque quería encontrar oro.
B) Porque su perro Pelusa lo convenció.
C) Porque su abuelo le dijo que ya estaba listo para una aventura.
D) Porque sus amigos lo retaron a hacerlo.

2. ¿Cuál fue la regla principal que Don José dio antes de subir la montaña?
A) Llegar rápido a la cima.
B) No hablar con extraños.
C) Llevar muchas fotos.
D) Subir con calma, ayudándose y con una sonrisa.

3. ¿Qué encontraron los niños en la pradera durante su descanso?
A) Una cabaña de piedra con un dragón dormido.
B) Una pequeña cabaña hecha de ramas y un duende llamado Timo.
C) Un mapa perdido de Don José.
D) Una tienda de dulces escondida.

4. ¿Cuál fue el regalo que el duende Timo les dio a los niños?
A) Una brújula mágica que siempre los llevará a casa.
B) Unos bastones de oro.
C) Una linterna mágica.
D) Unos binoculares que ven a través de las montañas.

5. ¿Por qué la montaña se llama “Montaña Sonriente”?
A) Porque tiene una cara sonriente en una de sus piedras.
B) Porque todos los que suben hasta la cima lo hacen tristes.
C) Porque cuando llegas a la cima, no puedes dejar de sonreír.
D) Porque el duende Timo la llamó así.

Claves de respuesta correcta

  1. C) Porque su abuelo le dijo que ya estaba listo para una aventura.
  2. D) Subir con calma, ayudándose y con una sonrisa.
  3. B) Una pequeña cabaña hecha de ramas y un duende llamado Timo.
  4. A) Una brújula mágica que siempre los llevará a casa.
  5. C) Porque cuando llegas a la cima, no puedes dejar de sonreír.

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