El uso de estos anticonceptivos podría estar vinculado a tumores en el cerebro.

Una investigación indicó que ciertos anticonceptivos y tratamientos para la menopausia podrían generar tumores cerebrales.

La inyección anticonceptiva Depo-Provera (acetato de medroxiprogesterona) es una técnica para prevenir el embarazo que contiene la hormona progestina.

De acuerdo con estudios del BMJ (British Medical Journal), esta técnica incrementa el riesgo de desarrollar tumores cerebrales si se utiliza durante más de un año.

Noémie Roland, médica general del Seguro Nacional de Salud en Francia, añadió que el Depo-Provera es ampliamente utilizado, alcanzando aproximadamente a 74 millones de usuarias en todo el mundo que optan por este anticonceptivo.

Los hallazgos también mostraron que los medicamentos para aliviar la menopausia, como el medrogsona y la promegestona, incrementan la probabilidad de desarrollar tumores cerebrales (meningiomas intracraneales).

La gran mayoría de estos tumores cerebrales tienden a ser benignos y se desarrollan en las capas de tejido que recubren el cerebro.

La investigación se llevó a cabo con más de 18,000 mujeres que fueron sometidas a cirugía por meningioma intracraneal entre 2009 y 2018. Las pacientes compartían el uso de medicamentos progestágenos, pero al tratarse de un estudio observacional, no se puede garantizar que estos medicamentos sean la causa principal de los tumores cerebrales.

Fuente: TV Ecuavisa.

¿Qué son los tumores cerebrales?

Los tumores cerebrales son masas anormales de células que se desarrollan en el cerebro o en estructuras cercanas, como las meninges o los nervios craneales. Pueden ser benignos (no cancerosos) o malignos (cancerosos), y su comportamiento varía según el tipo, la ubicación y la velocidad de crecimiento.

Algunos tumores se originan en el propio cerebro (tumores primarios), mientras que otros provienen de cánceres en otras partes del cuerpo que se diseminan al cerebro (metastásicos).

Los síntomas dependen del área afectada e incluyen dolores de cabeza persistentes, convulsiones, alteraciones visuales, dificultad para hablar o problemas de equilibrio.

El diagnóstico se realiza mediante estudios por imágenes, como la resonancia magnética, y se confirma con biopsia. El tratamiento puede incluir cirugía, radioterapia, quimioterapia o terapias dirigidas, y requiere atención médica especializada.


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