En esta ocasión se presenta un poema para el Día de la Madre que es la raíz de mi mundo.
Poema: Madre, raíz de mi mundo
Oh madre, eres farol en la tormenta,
abrigo en la intemperie del dolor,
tu voz es melodía y es color,
tu abrazo, una muralla de calor.
Tu risa es manantial de luna llena,
remanso de ternura sin medida,
consuelo que en la herida da la vida,
palabra que alivia mi pena.
No hay día sin tu sombra silenciosa,
no hay noche sin tu canto maternal,
te ofrezco esta sencilla catedral
hecha de amor fraternal.
Eres raíz que en tierra me sostiene,
tronco firme que nunca se doblega,
tu nombre en mi garganta se despliega
como suspiro limpio y ferviente.
Eres semilla, fuego, lluvia y nido,
milagro en la rutina más sincera,
hoguera en la distancia verdadera,
la voz que siempre cura la tristeza.
Tus manos tienen magia,
bordando en el dolor la dignidad,
haciendo de la fe necesidad
y del deber, la más sublime gracia.
Te vi llorar callada en la cocina,
te vi partir el pan con una risa,
llenando de esperanza la ceniza
allá en una esquina.
Tú eres siempre escudo y resistencia,
muralla contra todo desespero,
llevas el mundo entero en el ropero
y el tiempo se inclina ante tu paciencia.
No pides nada y lo das todo,
conoces cada grieta de mi ser,
por ti aprendí el valor de no ceder
y a actuar en buen proceder.
Las horas se te escapan entre cosas:
lonas, deberes y antojos,
pero aun así, en tus firmes y dulces ojos
hay calma y mariposas.
Te amo con mi alma,
te nombro en los silencios del camino,
sé que tu querer es mi destino
porque eres mi eterna calma.
–
¡Oh madre! Eres principio y desenlace,
la historia que me escribe sin papel,
mil veces tropecé,
y tú, firme, cuidaste de mí con placer.
Tu amor no pide trono ni estandarte,
no busca recompensa ni victoria,
y aun así, es la más sagrada historia
que el mundo debe proclamarte.
¡Qué ciego aquel que ignora tu grandeza!
¡Qué pobre quien no ve tu sacrificio!
Tu entrega es universo, es artificio
divino que transforma la tristeza.
Hoy canto en tu honor, madre querida,
te honro con mi verso,
porque tu amor es tan noble,
que aparentas ser un roble.
Y si algún día el tiempo nos separa,
si acaso el viento cambia de estación,
sabré que en lo más hondo del rincón
vivirá tu calor en mi corazón.
Eterna madre, luz que no se apaga,
por siempre viva en cada amanecer,
te celebro con placer,
y con todo mi ser.
Por ti, por lo que diste sin medida,
por todo lo que hiciste en el silencio,
por cada gesto tuyo tan intenso,
¡feliz día, mamá, dueña de mi vida!



Deja una respuesta