En esta oportunidad se presenta un poema especial para honrar a papá en su Día, ese ser que lucha día a día por lo mejor de sí para sostener y sacar adelante a su familia.

Feliz Día a todos los Papás que quieren lo mejor para sus hijos, y construyen con sus enseñanzas un buen ejemplo a seguir en todos los ámbitos de la vida.

A ti, papá

A ti, papá, que has sido mi abrigo,
mi roca firme, mi ejemplo, mi amigo.
En cada paso, tu sombra me guía,
con tu paciencia y tu sabiduría.

Eres mi faro en mares oscuros,
mi escudo fuerte en tiempos más duros.
Con manos firmes y voz templada,
tu amor jamás fue una fachada.

Desde pequeño aprendí en tus brazos
a dar la lucha, a esquivar fracasos.
Tus consejos, llenos de sentido,
son luz que llevo por lo vivido.

Tus madrugadas, tus noches en vela,
quedaron grabadas en mi alma entera.
No hubo tormenta que no enfrentaras,
ni lucha noble que no abrazaras.

Con cada gesto que diste callado,
me mostraste lo que es ser honrado.
Nunca buscaste premios ni aplauso,
solo el amor sincero en tu casa y tu regazo.

Papá, tus risas siguen sonando
como campanas que van anunciando
que en este mundo de tanta prisa,
tu voz me calma, tu ejemplo avisa.

Te vi doblado por el cansancio,
pero jamás rendido al fracaso.
Tu dignidad es siempre bandera,
honrando todo de tu madera.

Tantas historias me has compartido,
con la mirada firme, el alma erguido.
De cada error sacaste enseñanza,
de cada duda, una nueva esperanza.

Tus pasos fuertes me dieron firmeza,
me enseñaron que el alma empieza
cuando uno lucha con rectitud
y abraza siempre la gratitud.

Tú me enseñaste a ser responsable,
a valorar lo simple, lo amable.
A no rendirme ante la caída,
a ver la fe como luz de vida.

Y si el destino nos separara,
tu voz en mi mente quedara.
Porque tu esencia, papá querido,
vive en mi pecho, jamás se ha ido.

Cuando me caigo, pienso en tu rostro,
en tu mirada que me sostiene.
Me levanto, seco mis heridas,
y vuelvo a andar, por ti, por mi vida.

No hay monumento que pueda honrarte
como este humilde verso al nombrarte.
Porque en mi alma eres gigante,
presente en todo, eterno, vibrante.

Tus silencios me han dicho tanto,
más que discursos largos y altos.
Porque en tu modo calmo y sincero
aprendí a ser leal y verdadero.

Papá, eres brújula en mis tormentas,
luz que guía aunque el mundo revienta.
Mi defensor, mi juez más justo,
el que creyó en mí sin disgusto.

Hoy celebro tenerte en mi vida,
honro tus luchas, tu fe rendida.
Te abrazo fuerte, te digo «gracias»,
por ser mi padre, mi gran galaxia.

Aunque el tiempo a veces se escape,
aunque la vida pronto nos tape
de responsabilidades y deberes,
sigo amándote como ayer, como siempre.

Hoy en tu Día levanto mi canto,
con el corazón abierto y alto.
Porque si existe un héroe real,
ese eres tú, sin capa, sin igual.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *