¿Alguna vez has cocinado con tu mamá, tu papá o alguien de tu familia? ¡La cocina puede ser un lugar lleno de sorpresas, risas y hasta un poco de desastre! En este cuento ¡Un desastre en la cocina con Mamá!, conocerás a Nico, un niño curioso y divertido que vive una aventura inolvidable cocinando con su mamá. Entre masas voladoras, chispas de chocolate rebeldes y un gato que no quiere ser chef, descubrirás que cocinar no solo se trata de preparar comida, ¡también es una forma de compartir, aprender y pasarla genial!
Título: ¡Un desastre en la cocina con Mamá!
Era un sábado por la mañana y el sol brillaba tanto que hasta el gato quería ponerse gafas de sol. Mamá apareció en la cocina con una sonrisa misteriosa, como si escondiera una receta secreta.
—¡Hoy cocinamos tú y yo! —dijo, mientras me lanzaba mi delantal azul con manchas de pintura de un viejo proyecto de arte.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunté, emocionado—. ¿Tortilla voladora? ¿Pizza con ojos de aceituna?
—Algo más sencillo, pero igual de sabroso: ¡galletas de avena con chispas de chocolate!
Salté de emoción y casi tiré el frutero. El plátano me miró con cara de “otra vez no”.
Empezamos reuniendo los ingredientes. Mamá abría los armarios como si estuviera buscando un tesoro, y yo iba apuntando todo en voz alta, como un chef profesional: avena, harina, mantequilla, azúcar morena, huevos, esencia de vainilla, bicarbonato de sodio, chispas de chocolate… y un toque de amor, por supuesto. Mientras intentaba sacar la bolsa de harina, me cayó un paquete de arroz en la cabeza.
—¡Ataque de arroz! —grité, con gran dramatismo.
—Nico, ¿cómo haces tanto desastre en tres segundos? —preguntó mamá, tratando de no reírse.
—Es un talento natural —le respondí, sacudiéndome el arroz del pelo.
Una vez que teníamos todo listo, comenzamos la mezcla. Mamá me explicó que, si quería que las galletas quedaran suaves por dentro y crujientes por fuera, no debía batir demasiado la masa después de agregar la harina. Así que empezamos con la mantequilla. La derretimos un poco en el microondas, pero no demasiado.
—Si se derrite mucho —dijo mamá—, puede cocinar los huevos cuando los mezcles. ¡Y no queremos galletas con huevo revuelto!
Me reí imaginando esa catástrofe. Luego mezclamos el azúcar con la mantequilla derretida. Se veía como un pantano pegajoso, y justo cuando iba a meter el dedo para probar…
—¡No todavía! —me detuvo mamá—. Tiene huevo crudo. No se prueba hasta que esté cocinado.
¡Buf! ¡Qué injusticia! Agregamos la vainilla, la avena, la harina y el bicarbonato. Yo mezclaba con una cuchara de madera mientras cantaba una canción inventada:
“Mezcla, mezcla sin parar, esta masa va a volar…”
¡Y voló en serio! Parte de la masa salió disparada y aterrizó en la oreja del gato, que salió corriendo como si le hubieran lanzado una bomba de avena.
—¡Nicooo!
—¡Ups! ¡Fue el poder de la canción!
Llegó el momento de las chispas de chocolate. Mamá me dejó echarlas yo solo, pero la bolsa estaba muy apretada.
—Déjame ayudarte —ofreció.
—¡Yo puedo!
Hice tanta fuerza que la bolsa explotó como confeti de cumpleaños. Las chispas salieron volando por toda la cocina. Había chocolate en el suelo, en el techo y, de alguna manera mágica, en mi ombligo.
Mamá se rió tanto que tuvo que sentarse. El gato nos miró desde lejos, aún ofendido.
Hicimos bolitas de masa con una cuchara de helado, un truco que mamá me enseñó para que todas las galletas salieran del mismo tamaño. Las pusimos bien separadas en la bandeja.
—Así no se pelean por el espacio cuando crecen en el horno —explicó con una sonrisa.
Metimos las bandejas y mamá ajustó el temporizador a quince minutos exactos.
—Si te pasas, se ponen duras como piedras. Si les falta, quedan crudas.
Mientras esperábamos, jugamos a imitar chefs famosos. Yo hablaba con acento francés:
—Oh là là, monsieur gato, no se meta en mi cocina, s’il vous plaît (Oh là là, señor gato, no se meta en mi cocina, por favor).
El gato, que ya había tenido suficiente cocina por hoy, se fue a dormir bajo la mesa.
Finalmente, el horno hizo “¡ding!”. El aroma que salió era como un abrazo de nube dulce. Sacamos las galletas y mamá me dijo que había que dejarlas enfriar unos minutos en la misma bandeja.
—Así se terminan de cocinar sin ponerse duras —me explicó.
Esperé más o menos treinta segundos antes de robar una.
—¡QUEMA! —grité, saltando como un canguro picante.
Mamá me dio un vaso de leche y nos sentamos a disfrutar. Las galletas estaban perfectas: crujientes por fuera, suaves por dentro, y con las chispas derritiéndose justo en el centro. Un verdadero desastre exquisito.
—¿Lo hacemos otra vez el próximo sábado? —pregunté con la boca llena.
—Claro —dijo mamá—, si el gato lo permite.
Lo miramos los dos. Él solo suspiró y cerró los ojos, como si dijera: “¡Ay, estos humanos!”
Y así descubrí que cocinar con mamá no solo es divertido, ¡es toda una aventura!
FIN
Enseñanza del cuento
Este cuento nos muestra que cocinar puede ser una aventura divertida y especial, sobre todo cuando lo hacemos en familia. Aunque a veces las cosas no salen perfectas y puede haber pequeños desastres, lo más importante es disfrutar el momento, reírnos de los errores y aprender juntos. También aprendimos que con un poco de cuidado, paciencia y buenos trucos, podemos preparar cosas exquisitas.
Así como Nico, tú también puedes descubrir nuevos talentos, ayudar en casa y compartir momentos inolvidables. ¡Recuerda que la cocina no es solo para adultos! Con amor, cuidado y trabajo en equipo, todos podemos ser grandes chefs… ¡y grandes personas!
Preguntas de compresión lectora
- ¿Por qué estaban cocinando Nico y su mamá ese sábado por la mañana?
A) Porque querían sorprender al papá de Nico.
B) Porque no había nada en la televisión.
C) Porque la mamá quería hacer galletas con la ayuda de su hijo.
D) Porque el gato les pidió galletas.
- ¿Qué receta prepararon Nico y su mamá?
A) Pizza con ojos de aceituna.
B) Galletas de avena con chispas de chocolate.
C) Galletas de zanahoria con nueces.
D) Galletas con miel y fresas.
- ¿Cuál fue uno de los trucos de cocina que mamá le enseñó a Nico?
A) Usar hielo para enfriar los huevos.
B) Batir la mezcla por mucho tiempo para que quede esponjosa.
C) No mezclar demasiado después de añadir la harina.
D) Poner las galletas muy juntas para que salgan más suaves.
- ¿Qué sucedió cuando Nico intentó abrir la bolsa de chispas de chocolate?
A) La bolsa no se abrió y terminó sin chispas.
B) Mamá la abrió sin problemas.
C) Se abrió normalmente, sin ningún accidente.
D) La bolsa explotó y las chispas volaron por toda la cocina.
- ¿Qué hizo Nico antes de que las galletas se enfriaran completamente?
A) Esperó pacientemente con un vaso de leche.
B) Se fue a dormir con el gato.
C) Probó una galleta caliente y se quemó.
D) Se olvidó de las galletas y salió a jugar.
Claves de respuesta correcta
- 1. C) Porque la mamá quería hacer galletas con la ayuda de su hijo.
- 2. B) Galletas de avena con chispas de chocolate.
- 3. C) No mezclar demasiado después de añadir la harina.
- 4. D) La bolsa explotó y las chispas volaron por toda la cocina.
- 5. C) Probó una galleta caliente y se quemó.



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