En esta ocasión se presenta un poema para valorar la labor del maestro en su Día, el cual ejerce su profesión con respeto y vocación.

“A ti maestro”

Maestro, noble faro en la distancia,
que en aulas silenciosas das abrigo,
construyes con saber y con constancia
el mundo como un verdadero amigo.

Tu voz se vuelve antorcha en la jornada,
palabra que ilumina la conciencia,
y en cada lección bien entregada,
se esconde el arte puro de la ciencia.

No enseñas solo letras o razones,
ni el cálculo preciso y sus caminos,
tú formas corazones, ilusiones,
y das sentido al alma de los niños.

En tu mirada vive la ternura,
el firme compromiso de quien guía,
y ante la sombra, muestras la estructura
del pensamiento libre y la armonía.

Te alzas como roble ante la prisa,
resistes el cansancio y el olvido,
construyes con amor, sin cicatrizas,
el puente entre el deber y lo aprendido.

Tu trabajo es invisible,
no hay aplausos que te alcancen,
pero tu huella es firme e inasible:
semilla eterna que en mil vidas nace.

Con tiza, con cuaderno y esperanza,
vas más allá del aula y su medida,
pues cada niño al que hoy das confianza
es mundo que despierta a nueva vida.

Eres ejemplo, escudo, compañía,
refugio que consuela y que instruye,
con cada “buenos días” nace el día
y en cada abrazo el alma se construye.

Cuántas veces dejaste tu tristeza
fuera del aula, sin que nadie vea,
por cuidar con amor y firmeza
a quien tropieza y aún no lo desea.

Has sido madre, padre, confidente,
has curado dolores sin recetas,
has dado de tu pan, calladamente,
y abierto corazones como puertas.

Maestro, quien te llama no te olvida,
aunque el tiempo cambie los caminos,
pues tú sembraste luz en su partida
y diste dirección a sus destinos.

Hay algo en ti que nunca se desgasta,
el servir sin condiciones,
y aunque el mundo no lo capta,
tú sigues con amor tus convicciones.

Tu aula es universo compartido,
es patria, es nido, templo, es bandera,
y cada joven que has reconocido
lleva en su pecho escrita tu madera.

Tu paciencia es monumento,
tu entrega es un legado de verdad,
tu paso deja huella en cada intento,
y en tu labor florece la bondad.

Hoy te rendimos honra merecida,
con versos que no bastan, pero abrazan,
con gratitud que brota agradecida
de aquellos que tus sueños ya traspasan.

Gracias por dar al mundo tu semilla,
por no rendirte en la tarea,
por hacer de la escuela maravilla,
por enseñar que el alma crea.

Celebremos tu historia, tu coraje,
tu oficio que transforma y dignifica,
porque sin ti no hay puente ni viaje,
ni espíritu que al saber se glorifica.

A ti, maestro, eterna luz sincera,
a ti, maestra, mano que levanta,
te aplaudimos hoy, alma guerrera,
porque tu amor en nuestra vida canta.


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